por Mercedes Simal López
Miguel HERMOSO CUESTA: Lucas Jordán y la corte de Madrid. Una década prodigiosa, 1692-1702, Zaragoza: Caja Inmaculada
(Colección Monografías de Arte CAI), 2008.
Bajo este título -que constituye el primer volumen de la nueva colección editorial Monografías de Arte CAI editada por Caja Inmaculada, destinada a publicar estudios especializados sobre artistas o manifestaciones artísticas-, ve la luz parte de la tesis doctoral de Miguel Hermoso Cuesta, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, y gran conocedor de Lucas Jordán y su obra tras dedicarle siete años de investigación.
En este trabajo, el autor se ha centrado en el estudio de los diez años que el pintor napolitano permaneció en la corte de Madrid al servicio de Carlos II, así como en las obras del artista que formaron parte de colecciones españolas durante los siglos XVII y XVIII.
Respecto a la elección del uso del nombre castellanizado del pintor en el texto, Miguel Hermoso la ha justificado reivindicando el arte napolitano de finales del siglo XVII para la historia de la pintura hispana, ya que la vinculación del artista con España no era más que la consecuencia lógica de las relaciones históricas que la corte de Madrid tenía con el virreinato de Nápoles desde el siglo XV.
A lo largo del libro, el autor cumple con creces los objetivos que anuncia en el prólogo: contextualizar al pintor en su época, liberarlo de tópicos -como el del faprestismo mal entendido o las imitaciones del estilo de otros grandes maestros-, y hacer un estudio en profundidad y con rigor de las obras pintadas durante los diez años de estancia en la corte al servicio de Carlos II, así como de las que formaron parte de distintas colecciones españolas durante los siglos XVII y XVIII.
En el primer bloque del libro, gracias al excelente manejo de las fuentes y de la historiografía sobre el pintor, Hermoso ha trazado con sencillez y eficacia la biografía de Lucas Jordán, contextualizando al pintor en las corrientes artísticas y el gusto de su época. A continuación, ha analizado su estilo pictórico y su técnica, los motivos que le llevaron a realizar sus famosas “imitaciones”, el por qué de su rapidez -en buena parte conseguida gracias al organizado taller que formó, y que le permitió atender los numerosos encargos que recibió a lo largo de su carrera-, y cuál era el proceso creativo de sus obras.
A continuación, ha analizado las relaciones que el pintor tenía con España antes de su venida, ya que siempre gozó de la protección de los virreyes, hecho que favoreció que su obra fuera conocida en la corte madrileña, datándose su primer envío de obra en 1657.
Teniendo en cuenta que Jordán era uno de los pintores más prestigiosos y solicitados de la Europa del momento, su presencia en la corte madrileña hay que interpretarla como un gesto de poder y de buen gusto por parte de Carlos II, que todavía quería aparecer como el monarca más poderoso de Europa, y que había heredado parte de la sensibilidad de su padre hacia las bellas artes.
Miguel Hermoso ha examinado de forma detenida la trayectoria de Jordán en la corte -a la que llegó en julio de 1692 tras un largo y desapacible viaje y en la que pronto alcanzó el cargo de primer pintor de Cámara-, estudiando las mercedes de las que disfrutó él y su familia tanto en Madrid como en Nápoles, y analizando los distintos encargos y ciclos de frescos realizados por el pintor en los sitios reales -distintas dependencias del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el despacho del Rey en el palacio de Aranjuez, las estancias del Casón en el Buen Retiro, la desaparecida capilla del alcázar de Madrid- y en edificios religiosos -la sacristía de la catedral de Toledo, la desaparecida capilla de la basílica de la Virgen de Atocha y la iglesia de San Antonio de los Alemanes en Madrid-, así como las obras sobre lienzo, tanto de carácter religioso como profano, sin olvidar las distintas tasaciones de cuadros y colecciones particulares realizadas por el pintor durante la década que pasó en España.
Por último, el autor ha concluido esta primera parte dedicando un breve capítulo a la influencia que tuvo la obra de Jordán en la pintura española y en el coleccionismo, que se manifestó muy pronto gracias a sus ayudantes y a los discípulos que debió tener en España.
A continuación, el segundo bloque del libro está dedicado al estudio de las obras realizadas por Jordán para la corona española, repartidas por numerosos museos y colecciones privadas tanto españolas como extranjeras. A pesar de la dificultad de la empresa -debido al elevado número de obras -, el trabajo de Miguel Hermoso destaca por su gran solidez, en buena parte gracias a que ha podido estudiar directamente la mayoría de las pinturas que se han conservado de esta época. Ordenadas por lugares y series, Hermoso ha realizado un estudio técnico, iconográfico y estilístico de las distintas obras, analizando además los motivos y circunstancias que propiciaron su realización, y valorando la importancia de cada una de ellas en la trayectoria del pintor y en el contexto de la época.
El libro concluye con un tercer apartado dedicado a la documentación relativa a los encargos que Jordán realizó en España, con la que Miguel Hermoso ha elaborado un excelente y completo apéndice formado por más de trescientos documentos –tanto inéditos como otros que anteriormente habían sido parcialmente publicados, y cuya transcripción ha sido revisada-, que se presentan en formato CD, y al que sigue una extensa bibliografía. Este repertorio resulta de enorme interés, ya que con la excepción de la correspondencia entre el prior de El Escorial y don Eugenio de Marbán y Mallea, secretario del rey, acerca de los frescos pintados por Jordán en el monasterio escurialense publicada por don Gregorio de Andrés en 1965, hasta ahora no se había editado un corpus documental global sobre los trabajos del pintor en la corte española. De este modo, es posible rastrear obras de Jordán tanto en la colección real como en numerosas colecciones nobiliarias durante los siglos XVII y XVIII, así como conocer el modo en que transcurrió su trabajo en el monasterio de El Escorial, el estado que presentaban las decoraciones al fresco que realizó, según sus contemporáneos, o cómo eran los espacios destinados a albergar sus obras.
Dado que ha sido realizado después de la gran exposición monográfica sobre Lucas Jordán que tuvo lugar en 2001 en Nápoles, Viena y Los Ángeles y la que se celebró en Madrid en 2002 sobre la relación del pintor con nuestro país, y tras la publicación en 2003 de la revisión de la gran monografía del pintor realizada por Oreste Ferrari y Giuseppe Scavizzi (publicada por primera vez en 1966 y ampliada en 1992), este libro constituye un excelente estado de la cuestión sobre la obra y la actividad de Lucas Jordán en relación con la corte de Carlos II, y por lo tanto se trata de un texto de consulta obligada para todos los estudiosos interesados en la pintura del artista en esta época.
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Cómo citar esta reseña:
SIMAL LÓPEZ, Mercedes: “Lucas Jordán y la corte de Madrid” (Reseña de Lucas Jordán y la corte de Madrid. Una década prodigiosa, 1692-1702), en Librosdelacorte.es, Núm. 1, Año 2, primavera, 2010, ISSN: 1989-6425 (edición impresa, pp. 39-40).
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